El esplendor de una ciudad

La Fiesta del Renacimiento de Tortosa es un viaje hacia atràs, a través del tiempo, seductor y mágico que nos transporta hacia un pasado de esplendor, cuando Tortosa era una de las principales ciudades de la Corona de Aragón. Puerta del Principado, único paso entre el mar y Zaragoza, su situación la convirtió en un enclave próspero y deseado. Capital de un extenso territorio, tanto a nivel administrativo, la Vegueria, como eclesiástico –sede de un extenso obispado que llegaba hasta Almenara, a la 30 km. de la ciudad de Valencia-, controlaba el paso del Ebro y su desembocadura, y así, el tráfico de mercancías que, indefectiblemente, tenia que pasar por su término.


Vista de Tortosa en el siglo XVI por Anton van den Wyngaerde


Parada obligatoria en el camino del Sur hacia Barcelona, se alojaron ilustres huéspedes. Reyes, príncipes y, hasta un papa, Adriano de Utrecht, en su camino hacia Roma para recibir la Tiara. Las visitas eran celebradas con pompa, acompañadas de multitud de actos para rendir honor a tan ilustres visitantes, contando con la participación de toda la población, tal como lo describe Henrique Cock refiriéndose a la llegada de Felipe II el año 1585:


[...] fue encontrado de catorce barcas, muy bien adresçadas de las confradías de Tortosa, que habian salido rio arriba con mucha presteza remando para saludallo. Estaba en la ribera el regimiento de la çiudad, no léxos de la puente donde pasa Ebro. Estaba en todas partes la gente extendida para recebir conmunmente con gozo á Su Majestad, el cual deseaban veer [...]. La música que había en las barquas excitaba á los villanos, arcabuceros y á los remeros á triunfo. Las pieças de artillería que estaban puestas por la çiudad, saludaban con tantos tiros á Su Majestad, que todos los pesçes que habia en Ebre se fueron á la mar y no osaron volver hasta que el Rey salió de Tortosa”.


La centralidad geográfica convirtió la ciudad en un foco cultural local que irradiaba a su área de influencia. La equidistancia con las tres capitales de la Corona de Aragón, propiciaron esta vitalidad. Los lazos con Zaragoza, Barcelona o Valencia son muy intensos: tráfico de personas, vínculos familiares, intereses económicos e intercambios culturales propician la llegada de las últimas tendencias literarias y artísticas que, a su vez, son difundidas al traspaís tortosino. En otro sentido, el papel y la representatividad de la ciudad en Cataluña se hace palpable en el hecho que durante el siglo XVI, al menos 6 presidentes de la Generalitat estuvieron vinculados a la ciudad, entre ellos Francesc Oliver de Boteller, miembro de una influyente saga tortosina y abad de Poblet, impulsor de, entre otras reformas, de la fachada actual del Palacio de la Generalitat.


Patio de los Reales Col·legios


La ciudad conserva un importante legado artístico de la época del que sobresalen los Reales Colegios, uno de los conjuntos renacentistas más importantes de la época. Fundados el 1544 por Carlos I con el objetivo de instruir a los jóvenes moriscos en la fe cristiana a cargo de los dominicos, se trata de un complejo compuesto por el Colegio de Santiago y San Matías, el convento de Santo Domingo y la iglesia dedicada al mismo santo, diseñado fielmente según los cánones italianos de la época, cosa que los convierten en una rareza dentro de la arquitectura catalana del XVI, todavía fiel a las líneas del gótico.


Otros elementos artísticos destacados del Renacimiento son el armario-archivo de la ciudad, construido el 1574 por orden de los procuradores y que estuvo en uso hasta la última década del siglo XX. En la Catedral, por su parte, destaca la silleria del coro, construido por Cristóbal de Salamanca con roble de Navarra, la capilla del Corazón de Jesús y la antigua reja del altar, hecha por encargo del obispo Gaspar de Punter i concebida como una reja escultórica.


Fruto de este intenso ir y venir humano entre todos los rincones del reino, la ciudad disfrutaba de una intensa vitalidad literaria y, sin embargo, la obra más destacada del periodo, tanto en Tortosa como en Cataluña, no será publicada hasta finales del siglo XIX. Nos referimos a los Col·loquis de la Insigne Ciutat de Tortosa, del caballero Cristòfor Despuig. En la obra, un caballero, Lucio, y un mercader, Fabio, dialogan con Don Pedro, caballero valenciano de paso por Tortosa, de una variedad de temas que abarca des de la relación de la Corona de Aragón con Castilla, o el estado de la lengua catalana hasta reflexiones sobre el gobierno de la ciudad o la descripción del entorna natural.


En resumidas cuentas, nos encontramos con una ciudad orgullosa de su pasado, poderosa y firme en la defensa de sus privilegios, con una gran vitalidad social y cultural. La Fiesta del Renacimiento revive este momento del esplendor de una ciudad en el siglo XVI.


 

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